Es difícil ser innovadores en metodología de estudio ya que la personas llevan miles de años aprendiendo y no ha cambiado nada con respecto al procesamiento de la información. Cambian las herramientas, pero no los procesos, es decir, sigue siendo necesario pasar por las ya descritas 4 fases del proceso de aprendizaje y esto limita mucho la inventiva. Los procesos se pueden dar más o menos rápidamente y exigiendo más o menos recursos (dependiendo de las capacidades mentales y la mayor o menor automatización de ciertas operaciones), pero siempre tienen que darse. Por ejemplo nadie explicará bien aquello que no ha comprendido, ni tampoco nadie memorizará algo que no haya atendido previamente. La técnica, sin embargo, va dirigida a que esos procesos sean efectivos y puede personalizarse más. Aún así, existe un consenso en que el uso de los esquemas es imprescindible en un altísimo porcentaje.

Vamos a ver el proceso de estudio completo:

Vistazo o contextualización. Es como tener clara la estructura de la estantería en la que están los libros. Implica saber por qué tema vamos, qué sentido tiene lo que estudiamos con relación al antes y al después. Merece siempre la pena tener presente de qué estamos hablando El alumno suele estar bien encuadrado por la continuidad de las clases, pero aprender todo sobre un personaje y no saber porqué lo estamos estudiando y en qué contexto vivió, dificultaría mucho la interrelación de ideas, su asimilación y, por lo tanto su comprensión profunda y personalizada.

Para el alumno consiste en ojear el tema anterior y el posterior, saber en qué unidad estamos y no quedarse en el tema a secas. Pero para el profesor implica recordar al principio de la clase lo que se explicó en la anterior, luego anticipar lo que se va a explicar, al final de la clase resumirlo y anticipar nuevamente lo que se tratará en la siguiente clase. Son maniobras de contextualización fundamentales para retomar y anticipar el contenido a aprender.

A nadie se le ocurriría leer un libro sin saber algo al respecto del tema y del autor. Tampoco es usual ir al cine sin haber visto el trailer de la película. Son ejemplos en los que se entiende la importancia de generar pre-esquemas que faciliten la asimilación del contenido.

La lectura. Es el medio más natural para el aprendizaje junto a escuchar al profesor. Se pueden distinguir clásicamente dos tipos: una rápida o superficial y una lenta o comprensiva.

La primera, la rápida, tiene como objetivo captar las ideas en su aspecto general y analizar los niveles estructurales del texto, así como su complejidad. Es decir, permite por un lado saber cuántos bloques de ideas hay, su jerarquía lógica y si se trata de ideas o conceptos más o menos complejos. Pero el objetivo no es aún penetrar en el concepto y entenderlo.

La segunda, la lectura lenta, sí va dirigida a entender cada una de las ideas en su totalidad. Es importante en esta fase captar lo que no se entienda. O bien porque la idea está mal redactada, poco explicada o difícil, o bien porque es ardua su contextualización, es decir, no se entiende su conexión con otras ideas. Cuanto menos se entienda la estructura lógica de las ideas entre sí, más superficialmente se captarán los conceptos.

El subrayado. En el subrayado es donde más he visto errores y mal uso. El subrayado no sirve al profesor para decir lo que entra en el examen, ni para marcar las mejores o mas importantes ideas (para el profesor, normalmente), sino que sirven para que el alumno, y sólo el alumno, elabore la información mientras la está comprendiendo y pueda visualizar los niveles estructurales de las ideas. Es plasmar la estructura conceptual a medida que se entiende. A veces necesita mucho tiempo, pero, bien hecho, es “el esquema”, sobre el texto.

En este sentido el subrayado permite personalizar el texto y manifestar LA RELACIÓN presente entre las diferentes ideas (tanto principales como secundarias) y, por lo tanto, su organización estructural y conceptual.

Para que se útil y permita de forma sencilla descomponer los pasos de la captación de las ideas, aconsejo el truco de hacerse estas dos preguntas:

¿De qué me está hablando? Sirve para identificar una o dos palabras (contiguas y sin el primer artículo) que me ayuden a recordar la idea principal dentro de la cual aparecerán otras subordinadas (que no son menos importantes ni, por lo tanto, secundarias, sino jerárquicamente inferiores). Permite identificar lo que denomino “el concepto” y propongo subrayarlo con un subrayador verde (por su fuerza media de color y el significado simbólico asociado al verde).

¿Y qué tengo que saber yo de eso? Permite identificar lo que denomino “el descriptivo” del concepto y que invito a subrayarlo en amarillo (por la facilidad de uso del subrayador, que es muy común, y la ligereza del color, que no cansa demasiado), pero también nuevas ideas que, siendo subordinadas a la primera, tendrán una palabra que a su vez recuerden de qué nos están hablando en ese párrafo. Esa palabra verde, evidentemente, es concepto, pero no al mismo nivel del anterior, por lo que se subrayaría en verde pero más fino. De este modo en verde grueso tendremos las palabras que nos recordarán las ideas principales (de nivel 1, digamos) y en verde fino las subordinadas (nivel 2). Cada verde, sin embargo, tendrá que tener su propio descriptivo en amarillo.

Con este juego de palabras verdes y frases en amarillo se podrán estructurar sobre el texto las ideas, no sólo en función de su importancia, sino, sobre todo, atendiendo a su organización estructural.

Para ver un ejemplo paso a paso: Ejemplo de subrayado

El esquema. Consiste en recoger la organización estructural y conceptual evidenciada en el subrayado y transcribirla en el papel en modo esquemático y organizado. Tiene que ser una transcripción limpia, ordenada, con los espacios proporcionados y donde se respete especialmente el Principio Regidor Fundamental.

Ver características del esquema: Características, parámetros, abreviaturas y finalidad del esquema

Las verbalizaciones. Son en realidad una característica del esquema, o por lo menos van juntas. Un esquema no tiene un fin en sí mismo, sino que es instrumento para que lo entendido, reelaborado y personalizado, sea memorizado gracias a la ayuda de esa estructura esquemática. Algunos piensan que no es necesario realizar un esquema por escrito, pero mi experiencia me ha demostrado que si no tienen éxito en el aprendizaje queda claro el juicio erróneo al respecto, mientras que si es realmente innecesario para alguien, teniendo éxito en lo sabido, es que, en realidad, el esquema lo tiene presente en mente desde el principio, incluso sin saberlo. Pues igual que algunos tienen capacidad de aunar mentalmente varios pasos en unas ecuaciones matemáticas, otros pueden realizar el esquema de forma automática y sin escribirlo. Pero nadie puede realizar una correcta exposición oral o escrita, si no tiene bien organizadas las ideas y listas para ser expuestas. De allí se entiende que primero va el esquema y luego, si uno lo dese, el resumen. Pero nunca al revés. Es más, el resumen tiende a cerrar posibilidades y a ser aprendido, totalmente o en parte, de memoria. En mi opinión es mejor la repetida exposición verbal de todo lo que se tiene que estudiar. Cada vez se tarda menos y permite prepararse para evaluaciones tipo redacción, orales, debates e incluso tipo test. El único inconveniente con lo tipo test es que son difíciles de preparar y si un estudiante se ha preparado bien su examen, podrá encontrarse preguntas razonablemente dudables dependiendo de matices, que el profesor a veces ni ha contemplado. Pero nada que no se resuelva en la revisión del examen y hablando con el profesor con seriedad y conocimiento (y con humildad por su parte, que sino andamos mal).

La planificación. De nada nos sirve la mejor técnica de estudio del mundo, si no planificamos bien cómo organizarla a lo largo del tiempo. La propuesta de MdE 360º en este sentido es sencilla, pero muy eficaz. Se divide en el tipo de tareas que se realizan por la mañana y las de la tarde, porque todo va unido a nivel de aprendizaje.

Por la mañana:

Notas. Es importante tomar notas de lo que diga el profesor. Mentalmente y por escrito. Implica más al alumno fomentando la motivación y ayuda a fijar antes el contenido. Ayuda además a elaborar la información, que de otra manera es vista de forma más global y más superficial. Puede darse en papeles, en un cuaderno o en el libro, pero tiene que darse. Quienes sólo escucha aprenderán menos en ese momento y lo aprovecharán muy poco. Desde siempre no es lo mismo tomar apuntes que escuchar simplemente.

Por la tarde: